7.26.2017

Una carta a mi crush

Querido crush:

Si pudiera desprenderme de mis miedos y complejos, te invitaría a salir. Así, sin tanto rodeo, te diría que quiero conocerte. No te asustes: no voy a acosarte ni nada por el estilo. Esta carta es simplemente una combinación de 27 letras, signos de puntuación, pensamientos y mucha ansiedad. No espero que esto trascienda. Si no quieres volver a dirigirme la palabra porque te sientes incómodo conmigo, lo entenderé. No tienes la obligación de responder ni de terminar esta carta.

Vamos aclarando algo: No puedo decir que estoy enamorada de ti, porque eso sería una gigantesca mentira. Estoy enamorada de la idea que me hice de ti, así que eso me dirige a las expectativas. Y según el libro que me has prestado, las expectativas podrían no ser muy buenas. Especialmente cuando no quieres aceptar la realidad. Así que ya estoy jodida.

Si pudiera hablarte, frente a frente, te diría que la atracción que siento por ti no es algo que surgiera a primera vista. De hecho, yo ni siquiera te había identificado. Eras un estudiante, solo un estudiante, no tú. Pero entonces, comenzaste a saludarme a mitad de los pasillos aunque no tenía que hacerlo. Lo hiciste una y otra vez, hasta que llegó el momento en el que, cuando no estabas, te buscaba. Quería saber tu nombre. Y honestamente no recuerdo cómo lo averigüé. Quería hablar contigo. Conocerte. Parecías un buen chico. Me resultabas lindo.

Y un día, no sé cómo, no recuerdo qué estaba haciendo, te vi en el pasillo. Y me presenté incómodamente, haciéndolo todo demasiado formal y minutos después quise meterme en una madriguera y no salir en unas cuantas horas. Verás, creo que podría tener ansiedad social. Por lo tanto, cuando siento que hago el ridículo, pienso que me recordarás siempre de la misma forma. Así que pensé que pensarías: “Qué chica tan más rara.” Pero no debería estar poniendo pensamientos en tu mente porque no sé si realmente estuvieron allí. Ahg, en fin… Así fue como fingí que no conocía tu nombre y te di la versión corta de mi nombre y no el nombre completo.

Después, mientras hacía mi trabajo, te buscaba con la mirada, pero no lograba mantener una conversación decente contigo. Una vez te vi leyendo, atrás del edificio, donde el monte crece tan alto que si lo ves desde abajo, parece que las hojas alcanzan las nubes y podrían pincharlas con sus puntitas y desinflarlas. Y pensé que era genial que leyeras porque a mí también me encanta leer y, quizá es algo tonto, pero a veces siento como si los libros me recomendaran a las personas. Y sentí eso, así que pensé en que tenía que encontrar la forma de hablar contigo, de encontrar un punto en común, Pero el tiempo pasó y solo eras una ilusión. Aun lo eres, en parte.

En fin, quiero conocerte. No por la idea que me hice de ti o porque me hayas atraído desde hace mucho tiempo, sino porque me gustó la forma en la que conversamos la otra vez. Hablamos de muchos temas en tan poco tiempo, que sentí que nuestra conversación había sido apurada y aun así, tenía médula. Me gustó el hecho de que dijeras lo siguiente -y aun puedo escuchar el tono de tu voz diciéndolo-: “Por eso tengo los libros.” Y antes, habías preguntado: “¿Por qué no sales?” Y te dije que era porque casi no tenía tiempo, pero la verdad es que, la mayoría de las personas no me parecen muy interesantes al conversar. Sin embargo, sí me resultan interesantes cuando las intento analizar, cuando intento quitarles sus capas, saber por qué son como son.

Paso mucho tiempo pensando porque soy introvertida. Me gusta estar en casa, ya sea leyendo, escribiendo, dibujando, viendo alguna serie o alguna película, o simplemente pensando o viendo hacia el techo, u observando a un gato, o cosas así. Mi vida introvertida es el lugar más cómodo que puedo tener y, cuando alguien que no me es interesante abre la puerta para entrar, implica una invasión hacia esa comodidad. Y no me gusta.

La diferencia más grande es que, cuando una persona interesante entra a mi mundo, dejo las puertas abiertas. Lo llamo, lo busco, le escribo cartas, me intereso por ella, lo amo. Amo, genuinamente, a mis amigos, incluso cuando no siempre estoy de acuerdo con ellos. Eso ocurre porque los conozco tanto como ellos me conocen a mí, porque te puedes presentar frágil ante ellos y sabes que jamás te herirían, y viceversa.

Déjame ponértelo así, resumido en unas cuantas palabras: Quiero salir contigo para ver si puedes entrar a mi vida introvertida, como un amigo. Y si esa amistad llega a trascender, bueno, supongo que descubriremos qué podemos hacer. Así, querido crush, ¿quieres salir conmigo?

Con amor, A.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito escribes! Me encanta porque con solo un fragmento logras capturar al lector. Esta carta me trajo recuerdos de cuando estaba en prepa, había un chico que me gustaba y no tenía idea de como acercarme para conocerlo, incluso empecé a llevarme con uno de sus amigos y me las ingenié para que el amigo no pensara que sólo comencé a llevarme con él para que me presente a mi crush, ya que logra hacerlo, me sentí muy nerviosa y tal como describes en tu carta temía que mi crush pensara que yo era muy rara y no volviera a hablarme. Quería que fueramos amigos pero desafortunadamente me enteré que tenía novia, semanas despúes se dió de baja y se casó con la chica.

    Así como tu intento (y prefiero) analizar a las personas para saber como son e igual soy muy introvertida y cuando alguien me agrada, me intereso por esa persona.

    ¡Suerte y me encanta tu personalidad!

    Un beso.

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  2. Hola!
    Primero que nada me encantan las cartas y suelo escribir muchas, solo que nunca me atrevo a enviarlas. En segundo lugar leerte fue como leerme a mi misma. Estoy en una situación parecida y tus palabras han logrado captar todo lo que me ronda por la cabeza.
    Saludos, Cati

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Escúpelo, que dentro te hace daño.