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9.28.2020

Lejos estamos mejor

La familia es un grupo de personas que está ahí para ayudarte a crecer. A veces lo hacen de la manera buena y otras, de la mala. Aunque la familia es tú familia, no tienes la obligación de quedarte allí con ellos, ni pasar a saludarlos de vez en cuando si te marchas de casa. Si quieres romper lazos con tu familia, está bien, pero asegúrate de no dañarte más en el intento.

A un año de estar lejos de mi propia familia y vivir los dramas a kilómetros de ellos, me he dado cuenta que la peor parte de todo es que siempre los voy a extrañar. Y eso ocurrirá precisamente porque si la vida y la situación en turno de mi vida me lo permiten, no voy a regresar a vivir con ellos.
Siempre los voy a querer y extrañar, pero lejos estamos mejor. 

1.20.2020

Por si acaso

Tuvo que haberle hecho caso a su madre. ¿Acaso no le había advertido que era arriesgado?

-La película terminará a las 7 más o menos, no es tan tarde – dijo sin darle importancia. -Y el cine está cerca. En cinco minutos estoy acá de vuelta.

Su madre no dijo palabra alguna, pero realmente había querido decirle que no fuera. Sabía que lo único que quería era protegerla, pero ya estaba harta de no hacer cosas por miedo. Recordaba que en su adolescencia era peligroso salir por la noche, pero las cosas se habían puesto tan malas que ya era peligroso salir a plena luz del día. Y su mamá no paraba de recordárselo cada vez que quería salir a comprar unas condenadas galletas a la tienda. Ni siquiera se trataba de andar en malos pasos. No, eso había quedado para tiempos mejores.

Eran tiempos peligrosos para todos, pero más para las mujeres.

En muchas ocasiones su madre le había dicho que no saliera tan tarde. ¡Eran las seis!

Que no usara faldas tan cortas. ¡Estaban a la altura de sus rodillas!

Que no provocara a nadie. ¡Era una blusa de encaje!

Que simplemente tuviera cuidado. ¡Siempre lo tenía!

Podía escuchar la voz rasposa de su madre, diciéndole una y otra vez todo lo que debía o no debía hacer para mantenerse a salvo. Pero tal vez no era ella quien debía escuchar, si no los hombres que la seguían desde la salida del cine.

¿Cuándo iba a parar? Es que ya no había momento o lugar que la mantuviera a salvo.

Solo faltaba una cuadra más para llegar a casa. ¡Y no había luz!

Tal vez la conversación con su madre había sido la última. Tal vez debió despedirse con un beso.

Su mente le decía que corriera, pero sus piernas no respondían. Los escuchaba reírse atrás y cada vez estaban tan cerca. ¿Y si la violaban? ¿Y si la herían? ¿La torturaban? Era imposible no pensar. Su respiración, cada vez más pesada, le hacía sentir que su pecho estaba ardiendo.

La oscuridad de la calle la tragó poco a poco, donde no había nadie, más que ella y su terror. El sudor frío que le congelaba las extremidades y la pesadez del aire, ése que no podía respirar, eran sus fieles acompañantes.

Un beso. Debió haberle dado un beso a su madre antes de salir. Debió haberle dicho que la amaba.
Debió haberle dicho que la buscara.

Colocó las llaves entre sus dedos, solo por si acaso.




Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por
De aquí y de allá by TanitBenNajash

12.02.2019

A veces imagino que soy un robot y que me apago.


¿Acaso no te has cansado de ser tú en algún momento? Esa sensación que me consume, anida dentro de mí y duerme durante mucho tiempo, haciéndome creer que la tengo bajo control, hasta que algo la hace despertar. De pronto, la sensación se vuelve un monstruo que me dice que está harto de vivir ahí dentro, pero que también está harto de lo que verá afuera, de tal manera que no hay opción, no tiene dónde vivir. Y es así como, respiro a respiro, parpadeo a parpadeo, me doy cuenta de lo fácil que sería todo si pudiese ser un robot. 

Entonces imagino que soy uno y estiro mi brazo lleno de cables. Busco el botón al pie de mi cuello y con mi dedo índice, lo bajo. Como si fuera un switch de la vida, dejo de existir. Todo se nubla. El monstruo que vivía dentro de mí no dice nada, porque no existe. 

Y yo estoy en paz. Solo soy. 


5.25.2019

4.19.2019

Ana, en busca de la felicidad

El otro día, en una charla casual con unas amigas, me preguntaron cuál ha sido el día más feliz de mi vida. Y no pude contestar. Lo pensé mucho y lo sigo pensando. No creo tener un día completamente feliz, pero sí puedo recordar momentos. 

Momentos llenos de luz que han iluminado esta vida de casi 28 años. Momentos memorables junto a mi familia, mis mascotas, mis amigos e incluso, desconocidos. Podría publicar muchas fotografías de esos momentos, compartir con ustedes cientos de selfies, donde estoy sonriendo y disfrutando de algo o de la compañía de alguien. Podría hablar de todo lo bueno y maravilloso. Carajo, sí quiero hacerlo, pero también quiero compartir con ustedes lo malo. Espero no darme a malentender: no soy ni una persona ni una historia triste, ni planeo solo fijarme en lo negativo, simplemente quiero demostrar que no sentirte bien también está bien.

Todo el tiempo nos dicen, nos muestran, que debemos sonreír. La felicidad se nos muestra como la meta principal en esta vida, en la que al fin nos sentiremos bien y realizados. Cuando sea feliz... Y comenzamos esta tonta búsqueda de la felicidad que no hace más que enfermarnos (a muchos de nosotros), desesperados, intentando hacer de todo y todo para encontrar ese estado pleno que nos fue prometido. Pero, oh, sorpresa, ¿qué pasa si olvidamos los momentos felices y satisfactorios porque estamos buscando una felicidad duradera que probablemente jamás va a llegar?  

No llores, nos dijeron. Reprimimos nuestros sentimientos de pequeños y ahora siendo adultos, mucho más. No muestres sentimientos negativos. Pero esos sentimientos, tuyos, nada ni nadie te los puede arrebatar. Y está bien que sientas enojo, tristeza, decepción, alegría, desinterés y que al rato sientas muchas cosas más. 

Es normal, eres humano después de todo. ¿O no?

4.14.2019

Mis lágrimas están creando un océano

Esta semana me sentí profundamente diferente: con ganas de aislarme, sin querer hacer más que estar acostada, escuchando música y mirando el techo de mi habitación. Quería llorar, mucho. Llorar hasta que se me hincharan los ojos y que no quedara ningún rastro de todo eso que se estaba acumulando en mi ser. Siento el dolor de la tristeza en mí, no solo en mi cuerpo sino en eso intangible que me hace ser yo. 

¿Cuándo me convertí en este ser? No lo sé, creo que nací así. Desde niña fui así. Pero en la adolescencia fui consciente de todo eso y comencé a renegar de lo que sentía porque al parecer no era normal. Tenías que ser como los demás y verte feliz, pero no lo era ni me veía así. Si bien, en palabras de mi madre, no me faltaba nada, pero tampoco me sobraba, no tenía razón alguna para ser infeliz. Y yo era infeliz. 

 Con el tiempo descubrí que podía ocupar palabras para expresarme. Los escritos en este blog, a lo largo de los años, demuestran las fases que he atravesado. Sin embargo, noté que últimamente no escribo nada. Me da mucho miedo escribir. Supongo que me han callado tantas veces que ahora creo que nadie quiere escucharme. No les doy oportunidad de decidir.

También me da miedo no ser lo suficientemente buena, así que mejor procrastino todo el tiempo cuando me digo a mí misma que debo escribir. Tengo tantas ideas y personajes y añoro ese momento en el que tus dedos crean ese sonidito tan satisfactorio en el teclado y sientes que la hsitoria fluye. Tengo tantas cosas en mi mente que quiero compartir pero al final de cuentas termino desperdiciando el tiempo y la oportunidad para hacerlo, me enfoco en el trabajo (comillas al aire) seguro.

Y así llega el fin de semana, y de nuevo otra vez. Aquí vamos, esfuérzate un poco más, tal vez mañana reunas el coraje para sacar todo lo que piensas, para crear universos, atrévete...




3.03.2019

El arte de sobrevivir en la bida

Sí, vida con b. Porque sobrevivir en esta vida implica cometer errores y a veces, no saber cómo hacer las cosas. Porque creo que he resuelto el misterio: no sabes qué es lo que estás haciendo. Ni cuando tienes meses de nacido, dos años, cinco, quince, veinte, cuarenta o cincuenta. Supongo que ni en tu mismo lecho de muerte sabes qué pedo con la vida y la muerte y la existencia.

Supongo que el secreto es disfrutarlo y no apegarte demasiado a tus temores.

Ojalá pudiese recordarlo todo el tiempo y no apretar tanto la mordida con la goma de mascar, tratando de aligerar esa tensión que se forma en... alguna parte de mí. Al final lo único que provoco es causarme un dolor horrinle en la mandíbula.

Y eso pasa exactamente con el miedo en la vida. Terminas haciéndote daño, si te fijas demasiado en él.

2.24.2019

h o m e s i c k

Recuerdo que, desde que era más joven, miraba al cielo, de día o noche, y me preguntaba cómo se vería desde otra ciudad. Soñaba despierta con marcharme de casa, tomar mis cosas y dejarlo todo y a todos para alejarme de toda la mierda que tenía dentro. 

Y de pronto, un día, decidí marcharme. Llegó la noche en que tomé mi maleta, me despedí de todos, me subí a un coche rumbo a la estación de autobuses, con un boleto sin fecha de regreso y me fui. Me fui lejos, aunque no tanto, pero me fui.  
Algo dentro de mí se desgarró. 

Se desgarró tan fuerte que me atacó a mitad de la sala, en una ciudad lejana, estando sola, mientras intentaba encontrar sentido a todo. Lloré ruidosamente como cuando era pequeña y solo quería a mi madre para que me abrazara y juntara las partes que se habían desgarrado dolorosamente. Me desgarré un poco más al pensar en ella. 

Quería estar de regreso porque toda la mierda que sucedía dentro de mí no tenía sentido, ni aquí ni en casa; mi familia no era tan mala, las discusiones diarias eran soportables, los chantajes no eran tan graves y la sensación de estar estancada era tolerable. Solo quería regresar a casa y estar con mi mamá. 

Dolía terriblemente. No tener a nadie con quien hablar, gatos a los que acariciar, un perro con el que pelear, a papá para hacer chistes malos, sobrinos para molestar, amigos con quién platicar. Encontré trabajo, conocí a personas lindas, pero no era parte de ellos. ¿Alguna vez lo sería? Durante muchos años sentí que no tendría lugar jamás y esa sensación estaba regresando. Las náuseas por la mañana, los ataques de tos que me hacían querer vomitar, las ganas incansables de lastimarme. Me rasguñé interminables veces para luchar contra las ganas de lastimarme. 

Dolía. 

Dolía absolutamente todo: sumergirme en un trabajo que no dominaba, ni domino aún; estar con personas a las que yo no habría escogido, pero que simplemente se estaban ganando, poco a poco, mi corazón; perderme incontables veces en la ciudad, siempre con el google maps abierto y el terror de no poder regresar a casa con bien. Así la rutina, que poco a poco se convirtió en una normalidad y me hizo sentir menos ansiosa. Las náuseas se fueron, los ataques de tos disminuyeron, las ganas de lastimarme también. 

Ahora estoy acostumbrada a no tener a nadie. A hablar con todos por redes sociales, pero no tener a nadie a quién contarle las cosas de frente. Estoy sola y me gusta, aunque, aun así, hay días en los que despierto con una tremenda añoranza y solo quiero regresar a casa. Abro google maps y busco la casita verde. Me imagino caminando por la calle y abriendo ese portón, recorriendo el pasillo, diciéndole a todos, gritando, que he llegado a casa. Quiero verlos. Quiero estar ahí. 

Pero no me malinterpreten. Estoy muy contenta de estar donde estoy: de conocer, disfrutar, perderme, desgarrarme un poco más. Soy más intrépida que antes y eso me gusta de mí. 



Me gusta esa palabra en inglés homesick. Así, de manera literal, enferma por regresar a casa. Nostálgica. 

Y hoy, es uno de esos días. 

2.01.2019

Reflexiones de madrugada

Verás, creo que es suficiente de restringirnos tanto con sentimientos tan bonitos. ¿Por qué nos da miedo el rechazo? No lo sé. Creo que hemos idealizado que todo sentimiento debe ser correspondido y que, si no lo es, has fracasado. Y las cosas no son así. Hemos venido a este universo para quedarnos solo un momento, somos una pequeñita fracción, podríamos decir que somos insignificantes. Y si lo somos, ¿entonces por qué tener miedo?

Lo que intento decirte es que me cansé de tener miedo. Y que quizá es por eso que te dije en varias ocasiones que me gustabas. Nunca pude explicártelo bien porque no tuvimos el tiempo y, a decir verdad, tampoco es que lo pueda explicar. Empiezo a enumerar las razones por las que no debería sentir esto, pero no logran ser suficientes, no hacen que deje de sentirlo. Y está bien. No me importa si no me correspondes. No me importa si no te gusto, caray, porque tú me  gustas a mí. Y en este pequeño momento de la existencia, me gustas. Y es mi tiempo, mis pensamientos, parte de mí, la que está sintiendo eso. 

Sé que soy grandiosa, no por ser ejemplar y perfecta, sino por solo existir.

1.29.2019

Escribiendo sobre ti por primera vez

Él era todo lo que no me gustaba:
muy alto, desgarbado, 
con la misma mirada distraída de siempre,
como si lo que sucediera dentro de su cabeza
fuese más interesante que lo demás.

Y en efecto, cuando tuve la oportunidad,
descubrí que lo que había dentro de él,
era más importante que cualquier cosa.

1.20.2019

Tú, en mi vida

La verdad es que hoy me acordé de ti,
después de mucho tiempo de no hacerlo.
Y sonreí, porque de alguna manera,
sé que en mi vida estás, pero no estarás.


9.15.2018

El reencuentro

Debo confesar que de vez en vez, abro tu perfil en facebook. Miro tus fotos y me pregunto qué pudimos haber sido. Observo tus ojos y la sonrisa que extiende por tus labios, el hoyuelo en tu mejilla, los lunares que forman constelaciones en tu rostro... Entonces sonrío. Feliz de haberte conocido, feliz de sentir esto y aferrarme a la idea de que las cosas han ocurrido por algo.
En verdad, estoy agradecida con el universo por haber cruzado nuestros caminos.

Sé que nos volveremos a encontrar y que sonreirás, y yo te sonreiré. Entonces sabremos si estamos listos para decir hola o adiós.

8.12.2018

agradecimiento

qué bonito es volverte a ver
y sentir solo agradecimiento
el interés potenciado
me doy cuenta que todo lo pasado ha pasado
y ya, no más
no habrá más

4.11.2018

Un día

Un día, mi música volverá a ser mi música,
mi corazón recordará sanamente los momentos,
mis manos recordarán lo bien que se sentían las tuyas,
y agradeceré gustosamente todo lo que nos dimos.
Tendré la certeza de que a pesar de no ser,
lo que vivimos fue absolutamente real
y que nadie, jamás, me amó como tú me amaste a mí.
Porque sé que nadie, jamás, te amó como yo te a mé a ti.


— La más ilusa (y romántica también)

2.12.2018

Soplar burbujas


Recuerdo que no me dejaban hacer burbujas dentro de la casa porque iba a manchar la alfombra. Ahora que soy mayor me doy cuenta que es la más grande estupidez porque la alfombra era oscura y una burburja es tan liviana que lo poco que tira de jabón no logra dejar una huella demasiado grande. ¿Entonces por qué no me dejaban ser feliz y soplar burbujas dentro de casa?


12.05.2017

Día 339: Donde el llanto se silencia

Algo que escribí el 17 de Julio del 2017 y que ayer traje a colación una parte modificada en el escrito de Lucas Fulgi →  son las tres menos diez 

Este no es un poema,
es un vómito letrado que no puedo contener más.
Me consume desde adentro,
me devora toda la luz,
y yo gustosa me dejo conquistar por las lágrimas.
Debajo de la regadera, donde el llanto se silencia,
y el agua me invita a pensar
que la solución es no existir.
Así que intento concentrarme en cómo el agua fluye,
pero solo pienso que la dejo escapar,
justo como se me escapa la vida entre las manos.
En algún lugar árido no hay nada de lo que tengo aquí,
y aún así dejo el agua fluir.

Al menos hoy logré lavarme los dientes.

11.27.2017

Día #331: Un tren a la Felicidad


Me pregunto quién nos dijo que podíamos abordar este tren
¿Quién nos incitó a creer que podíamos alcanzarlo?
Como si no hubiese partido desde el inicio de los tiempos
En realidad, el tren a la Felicidad se marchó desde hace mucho
Nunca estuvo aquí o nunca existió
Fue tan solo una iusión creada para buscar, buscar,
Buscar por el resto de nuestra existencia el tren a la Felicidad
Una ilusión creada para hacernos olvidar que la vida es más que buscar
Quizá, si dejáramos de intentarlo alcanzar descrubriríamos
Descubriríamos que la Felicidad no es un lugar al que podamos llegar
La próxima vez, pregúntate, si la Felicidad debería tomar un tren a ti

11.25.2017

día #329: sacar las palabras como gotas de lluvia


Necesito sacar las palabras como gotas de lluvia que caen de las ramas de un tupido bosque, necesito sacarlas a través de mis dedos y del suave toque de las teclas. Así podré acumular un charco con forma, uno que refleje el cielo imperfecto; así podré compartir vida a quienes beban de ese charco.
Necesito sacar las palabras para que no me enfermen por dentro como las gotas pudrirían las ramas y matarían al bosque desde el mismo corazón de sus pinos.
Simplemente necesito sacar las palabras. 

11.24.2017

día #328: Who the fuck do you think you are?

credit to kenneth brandon


Dear future love,
WHO THE FUCK DO YOU THINK YOU ARE?
I HATE YOU.

I remember the exact moment I saw you for the first time
And I just knew I had to hate you.
I just knew that I was fucked up!
The ground crumbled underneath my feet like if it were made of jelly
And I fell so fucking hard for you.
So fucking hard! Like no one ever fell before.

I hate you because it took you only a second to break into me,
It took you a ‘Hello, it’s a pleasure to meet you’ to make me swung
I was, maybe, a little too into you in a very short period of time

I hate you because it took you another second to break my wall
The wall I built with so much dedication
Every day adding another stone to keep my heart safe
I kept it safe during years, so
HOW THE FUCK DO YOU THINK YOU ARE?
Give some answers now.

Do you have an idea of how much time I spent protecting myself?
I told you ´It’s my pleasure’ but what I truly meant was
‘Please, don’t say more, or it’ll be too late’.
I know some things aren’t meant to be,
I know not everything last forever,
So please don’t break this heart
Because it has been so long since someone took it with both hands
And swore to take care of it but instead crushed it with strength without even noticing

Dear future love, I’ve been there.
I gave my heart to someone who didn’t deserve it.
I gave my heart to some who didn’t love me.
I gave my heart to some who couldn’t stay.
That’s why I build a wall.
But love, love crumbled it down.
So tell, WHO THE FUCK DO YOU THINK YOU ARE?
I guess you are the love of my life.

11.23.2017

día #327: La incertidumbre


¿Sabes? Después de muchos años, aun sigo preguntándome cómo es la nieve;
cómo se siente desertar en un lugar frío, rodar por la nieve y hacer ángeles.
Soy una romántica empedernida que fantasea cosas como estas y que sufre al no poderlas tener.
No sé si las llegaré a tener.
Y eso es lo que duele, la incertidumbre.