7.19.2020

5 cosas nuevas en mi vida a mitad del 2020

Hola a todos:

Se siente un poco extraño y también reconfortante el venir a escribir nuevamente a este blog tan familiar. A decir verdad, me he sorprendido que se agregaran unos cuantos seguidores cuando no había ningún signo de vida. A todos los que se han quedado y los nuevos: muchas gracias.

Definitivamente el 2020 nos sorprendió a todos, pero este año hubo algunos cambios en mi vida que no esperaba, más allá de lo que está pasando a nivel mundial.

Así que en motivo de hacer una balanza de mitad de año, acá va una lista de cosas nuevas que han ocurrido hasta el momento.

1. Dejé de contener mi interés y fanatismo por los kdramas.
2. Comencé a soñar de nuevo y a creer que era posible cumplir esos sueños: viajar a Corea del Sur.
3. Tuve que salirme del lugar en el que estaba viviendo y, aunque de momento se volvió un problema más en esta nueva vida que todos estamos llevando, fue lo mejor que me pudo haber pasado.
4. Comencé a escribir de nuevo. Me está costando mucho porque no confío ni me gusta mi nueva manera de hacerlo, pero estoy tratando de tomarle cariño de nuevo.
5. Estoy tratando de llevar un estilo de vida más minimalista. Nunca he sido una gran consumidora, pero creo que sí puedo reducir más mi consumo de cosas que realmente no son tan necesarias.

Y bueno, así las novedades en mi vida. A veces, tengo tanto miedo que pienso que lo mejor es no existir. Logro contenerme y continúo mi día a día, aunque una voz en el fondo de mi cabeza me diga que no seré capaz de lograr nada.

Espero que, con el tiempo, cada cosa vaya tomando su rumbo.


1.20.2020

Por si acaso

Tuvo que haberle hecho caso a su madre. ¿Acaso no le había advertido que era arriesgado?

-La película terminará a las 7 más o menos, no es tan tarde – dijo sin darle importancia. -Y el cine está cerca. En cinco minutos estoy acá de vuelta.

Su madre no dijo palabra alguna, pero realmente había querido decirle que no fuera. Sabía que lo único que quería era protegerla, pero ya estaba harta de no hacer cosas por miedo. Recordaba que en su adolescencia era peligroso salir por la noche, pero las cosas se habían puesto tan malas que ya era peligroso salir a plena luz del día. Y su mamá no paraba de recordárselo cada vez que quería salir a comprar unas condenadas galletas a la tienda. Ni siquiera se trataba de andar en malos pasos. No, eso había quedado para tiempos mejores.

Eran tiempos peligrosos para todos, pero más para las mujeres.

En muchas ocasiones su madre le había dicho que no saliera tan tarde. ¡Eran las seis!

Que no usara faldas tan cortas. ¡Estaban a la altura de sus rodillas!

Que no provocara a nadie. ¡Era una blusa de encaje!

Que simplemente tuviera cuidado. ¡Siempre lo tenía!

Podía escuchar la voz rasposa de su madre, diciéndole una y otra vez todo lo que debía o no debía hacer para mantenerse a salvo. Pero tal vez no era ella quien debía escuchar, si no los hombres que la seguían desde la salida del cine.

¿Cuándo iba a parar? Es que ya no había momento o lugar que la mantuviera a salvo.

Solo faltaba una cuadra más para llegar a casa. ¡Y no había luz!

Tal vez la conversación con su madre había sido la última. Tal vez debió despedirse con un beso.

Su mente le decía que corriera, pero sus piernas no respondían. Los escuchaba reírse atrás y cada vez estaban tan cerca. ¿Y si la violaban? ¿Y si la herían? ¿La torturaban? Era imposible no pensar. Su respiración, cada vez más pesada, le hacía sentir que su pecho estaba ardiendo.

La oscuridad de la calle la tragó poco a poco, donde no había nadie, más que ella y su terror. El sudor frío que le congelaba las extremidades y la pesadez del aire, ése que no podía respirar, eran sus fieles acompañantes.

Un beso. Debió haberle dado un beso a su madre antes de salir. Debió haberle dicho que la amaba.
Debió haberle dicho que la buscara.

Colocó las llaves entre sus dedos, solo por si acaso.




Esta recopilación participa en el Reto anual: 12 meses 12 Relatos 2020 organizado por
De aquí y de allá by TanitBenNajash

12.02.2019

A veces imagino que soy un robot y que me apago.


¿Acaso no te has cansado de ser tú en algún momento? Esa sensación que me consume, anida dentro de mí y duerme durante mucho tiempo, haciéndome creer que la tengo bajo control, hasta que algo la hace despertar. De pronto, la sensación se vuelve un monstruo que me dice que está harto de vivir ahí dentro, pero que también está harto de lo que verá afuera, de tal manera que no hay opción, no tiene dónde vivir. Y es así como, respiro a respiro, parpadeo a parpadeo, me doy cuenta de lo fácil que sería todo si pudiese ser un robot. 

Entonces imagino que soy uno y estiro mi brazo lleno de cables. Busco el botón al pie de mi cuello y con mi dedo índice, lo bajo. Como si fuera un switch de la vida, dejo de existir. Todo se nubla. El monstruo que vivía dentro de mí no dice nada, porque no existe. 

Y yo estoy en paz. Solo soy.