12.02.2019

A veces imagino que soy un robot y que me apago.


¿Acaso no te has cansado de ser tú en algún momento? Esa sensación que me consume, anida dentro de mí y duerme durante mucho tiempo, haciéndome creer que la tengo bajo control, hasta que algo la hace despertar. De pronto, la sensación se vuelve un monstruo que me dice que está harto de vivir ahí dentro, pero que también está harto de lo que verá afuera, de tal manera que no hay opción, no tiene dónde vivir. Y es así como, respiro a respiro, parpadeo a parpadeo, me doy cuenta de lo fácil que sería todo si pudiese ser un robot. 

Entonces imagino que soy uno y estiro mi brazo lleno de cables. Busco el botón al pie de mi cuello y con mi dedo índice, lo bajo. Como si fuera un switch de la vida, dejo de existir. Todo se nubla. El monstruo que vivía dentro de mí no dice nada, porque no existe. 

Y yo estoy en paz. Solo soy. 


10.16.2019

consejos para escribir más

i. no lo pienses tanto
ii. descubre historias en canciones
iii. descubre historias en imágenes
iv. deja el departamento por la tarde, al menos una vez a la semana
v. observa las estrellas
vi. escucha a las personas
vii. cree en ti
viii. describe cosas
ix. no intentes ser perfecta
x. disfruta la sensación de crear; concentrate en ello

plus: haz listas


6.30.2019

Una carta para ti

Querida Ana,
a finales del 2014 e inicios del 2015, escribiste una carta para ti misma:

No estás donde quieres estar, pero vas en camino. Y estás disfrutando todas tus paradas continuas. Continúa este viaje, sigue aprendiendo y escribiendo, sigue, no te detengas.

Si te hubiera dicho en ese entonces que cuatro años después estarías escribiéndote otra carta, desde otra ciudad, en otra habitación, escuchando música de Of Monsters and Men, probablemente no me habrías creído. Y no porque no te gustara la música OMAM, sino porque no creerías que al fin hubieses tenido el coraje para dejar tu hogar y aventurarte a perderte. Es preciso que te lo diga en este mismo momento: estoy orgullosa de ti. Estoy orgullosa de ti porque has descubierto que ese valor está dentro de ti y que, a pesar del miedo que puedas tener, sabes que puedes aventurarte e intentar hacer las cosas. 

Llevas casi diez meses viviendo lejos de tu familia, sobreviviendo por tu cuenta, pagando tus propios gastos, administrando tus recursos, disponiendo de tu tiempo y dando pasos pequeños y agigantados para mejorar tu vida. 

Me alegra que te hayas atrevido a tomar terapia, a hablar sobre lo que te ha lastimado y lo que en este momento te causa conflicto. Y sobretodo, me alegra muchísimo, me hace feliz, que establezcas límites, que aproveches lo que aprendes en tus sesiones y lo lleves a tu vida diaria. Estoy feliz de que continúes creciendo, que tengas miedo y te conozcas cada día más. 

Quizá a veces sientas que no haces mucho, pero la verdad es que sí. Es solo que a veces la rutina te absorbe y  no te percatas del peso que tienen tus decisiones y acciones en esta vida. A pesar de que el mundo podría existir sin ti, estoy segura que no sería el mismo. Así que no te hagas de menos a tí misma. Confía en que, con cada día que ocurra, aprenderás a quererte y respetarte más. 

Vamos, Ana. Recuerda que no necesitas llenar las expectativas de nadie para ser feliz; recuerda que no necesitas ser aceptada por todos, aunque inconscientemente lo desees; recuerda que en la vida hay momentos buenos y malos, y que aunque recordamos más el dolor, son los momentos de luz los que hacen que todo valga la pena.  Tendrás días y momentos difíciles, pero estoy segura que podrás hacerlo. 

Probablemente te escriba en un tiempo. Tal vez estarás en un departamento en otro país, abrazando a tu pareja, acariciando a tu gato o perdiéndote en una ciudad completamente nueva. Y yo estaré ahí para recordarte que puedes lograr las cosas, que una vez te sentiste sola, frágil, incapaz, pero que ahora has crecido, te has desgarrado y eres lo mejor que te pudo haber pasado, porque hay que darte crédito por ser tú misma. 

Con amor siempre,
Ana.