5.25.2019

4.20.2019

Cartas de amor para engrandecer tu corazón

Estimado Sr. X:

Recomiendo ampliamente la escritura de cartas. Es liberador. Hay ciertas cosas que no podemos decir cuando hablamos, formas de reflexionar, cosas y sentimientos qué describir. Es un mundo completamente distinto que te permite expresarte de una manera única. Desafortunadamente muchas personas ya no escriben cartas y eso me entristece un montón. ¡Se están perdiendo las buenas costumbres! Qué indignada me siento cuando me percato de que la mayoría son presos de los mensajes de texto y las llamadas, cuando las palabras pueden fluir desde tu cerebro, a través de tu mano, hacia el papel y decir mucho más. Me entristece no recibir cartas. Y por eso las pido. Si quieres algo, tienes que pedirlo. Tal vez lo obtengas, tal vez no. Y por ello agradezco mucho que me hayas escrito una.

Pero no estamos aquí para hablar sobre esas cosas. Solo era importante decirlas porque, a decir verdad, llevo muchos años escribiendo cartas. Le he escrito a personajes literarios, personas desconocidas y conocidas. Una vez escribí cartas y las dejé abandonadas en un parque, solo porque sí (y porque había mucho drama en mi vida que necesitaba sacar de mí). Después decidí mostrarlas y compartirlas en mi blog, simplemente porque podía y porque las personas a las que les escribía jamás iban a leerlas. Y eso es lo que me ha traído hasta aquí. Hoy, compartiré contigo una combinación de 27 letras, signos de puntuación, pensamientos y sentimientos. He escrito sobre ti porque las palabras me alimentan el alma, tanto como me ayudan a limpiarla. No sé por qué comencé a desarrollar interés en ti. De hecho, no sé cómo carajos ocurrió y cada vez que lo pienso, me causa mucha risa. Esta situación me hace sonreír mucho y de la buena manera.

A veces me pregunto cómo serían las cosas si no hubiese regresado ese día a mi oficina. Estaba en clase y tú hablabas sobre el club de películas, mientras ella estaba detrás de ti y yo seguía la conversación pero no paraba de pensar: tengo clase, tengo que regresar rápido o los alumnos se irán. Y tú no parabas de hablar, entonces me dije que debía poner atención a lo que decías porque era grosero no prestarte atención. No estaría escribiendo esto si no hubiese olvidado los marcadores y el borrador. Regresé a la oficina por ellos. Te asomaste por el marco de la puerta y así comenzó todo… Anotaste tu número en un post it. Era el 1 de Febrero. Me fui a clase, te agregué a Facebook (previamente te había eliminado, no recuerdo el por qué) y lo demás simplemente ocurrió. Me alegro de que haya sido así. No me arrepiento de mis decisiones y acciones, aunque me habría gustado tener más tiempo contigo y hacer más cosas, pero también tengo mis estándares y no los iba a pasar por alto. Así que, sin más despotrique, te dejo la que fue la primera carta que te escribí.

5.22.2018
Al chico que me gusta
No tengo idea de cómo comenzar, así que iré al grano:

Te agradezco infinitamente por haberte aparecido una tarde de miércoles, por inclinarte en el marco de la puerta y comenzar a charlar; después, por hablar de cine, música y de la vida. Te agradezco por no responder los mensajes de texto enseguida y no mentir, por demostrarme que tenías una vida desconocida; te agradezco por compartir tu música conmigo, recomendarme películas, compartir intereses y divertirme de vez en cuando. Te agradezco por la tarde que me regalaste y que me hizo darme cuenta que, eso que se venía asomando de a poco, era real.

Te agradezco por haber llegado de forma inesperada, tan sutilmente.

Te agradezco que hayas llegado así porque, por primera vez en la vida, no caí por las ilusiones mentales que creé de una persona, sino por la persona en sí. Caí por el chico que discutía conmigo sobre feminismo y aborto; por el que me hablaba de leyes y quien investigó los agujeros negros después de haber visto Interestellar.
Yo no quería que esto pasara, pero pasó. Y estoy feliz por ello.

Te agradezco en verdad, porque contigo aprendí a no esperar nada. Aprendí que yo no te cambiaría, que las cosas no se darían como en las películas.

Te agradezco porque nunca había llegado tan lejos con alguien; me ayudaste a cambiar. Aprendí a enfrentar ciertos miedos, aprendí a hacerme escuchar. Cuando pronuncié esas dos palabras, "Me gustas", me superé a mí misma. Y no lo habría podido hacer si no hubieses estado allí.

Así que, aunque las cosas no se han dado, no han fluido, te agradezco por todo, por ser tú y sobretodo, por haberte cruzado en mi camino.
Con cariño siempre,
Ana.


Así que… ¡GRACIAS! Gracias, en verdad, porque aprendí que tener miedo del rechazo es algo estúpido. Se nos ha dicho que todo sentimiento debe ser correspondido y que, si no lo es, has fracasado y mereces sentirte avergonzado. Y las cosas no son así. Hemos venido a este universo para quedarnos solo un momento, somos una pequeñita fracción, somos insignificantes. Y si lo somos, ¿por qué tener miedo? Me cansé de tener miedo y no hacer nada. Por eso que te dije en varias ocasiones que me gustabas. Nunca pude explicártelo bien porque no tuvimos el tiempo y, a decir verdad, tampoco es que lo pueda explicar. Empiezo a enumerar las razones por las que no debería sentir esto, pero no logran ser suficientes, no hacen que deje de sentirlo. Y está bien. No me importa si no me correspondes. No me importa si no te gusto, caray, porque tú me gustas a mí. Y en este pequeño momento de la existencia, me gustas. Y es mi tiempo, mis pensamientos, parte de mí, la que está sintiendo eso. Todos merecemos saber cuándo le gustamos a alguien. Y así, simplemente, es.

4.19.2019

Ana, en busca de la felicidad

El otro día, en una charla casual con unas amigas, me preguntaron cuál ha sido el día más feliz de mi vida. Y no pude contestar. Lo pensé mucho y lo sigo pensando. No creo tener un día completamente feliz, pero sí puedo recordar momentos. 

Momentos llenos de luz que han iluminado esta vida de casi 28 años. Momentos memorables junto a mi familia, mis mascotas, mis amigos e incluso, desconocidos. Podría publicar muchas fotografías de esos momentos, compartir con ustedes cientos de selfies, donde estoy sonriendo y disfrutando de algo o de la compañía de alguien. Podría hablar de todo lo bueno y maravilloso. Carajo, sí quiero hacerlo, pero también quiero compartir con ustedes lo malo. Espero no darme a malentender: no soy ni una persona ni una historia triste, ni planeo solo fijarme en lo negativo, simplemente quiero demostrar que no sentirte bien también está bien.

Todo el tiempo nos dicen, nos muestran, que debemos sonreír. La felicidad se nos muestra como la meta principal en esta vida, en la que al fin nos sentiremos bien y realizados. Cuando sea feliz... Y comenzamos esta tonta búsqueda de la felicidad que no hace más que enfermarnos (a muchos de nosotros), desesperados, intentando hacer de todo y todo para encontrar ese estado pleno que nos fue prometido. Pero, oh, sorpresa, ¿qué pasa si olvidamos los momentos felices y satisfactorios porque estamos buscando una felicidad duradera que probablemente jamás va a llegar?  

No llores, nos dijeron. Reprimimos nuestros sentimientos de pequeños y ahora siendo adultos, mucho más. No muestres sentimientos negativos. Pero esos sentimientos, tuyos, nada ni nadie te los puede arrebatar. Y está bien que sientas enojo, tristeza, decepción, alegría, desinterés y que al rato sientas muchas cosas más. 

Es normal, eres humano después de todo. ¿O no?